Sunday, December 18, 2005

Violeta y la identidad cultural

No cabe duda que para afirmar que Violeta Parra es un posible foco de identidad cultural chilena, se debería tener una gran investigación acerca de todo su legado artístico. Pero en esta ocasión sólo haremos una pequeña aproximación de su posible entrega de identidad a nuestra cultura.

La búsqueda por el origen y desarrollo de la música popular chilena fue una extensa labor por la que Violeta Parra se entregó arduamente. Tal vez, sin ese trabajo se hubiese perdido toda la herencia folclórica de nuestros antepasados, como ha sucedido en varias ocasiones. Los versos campesinos que hablan del quehacer en el campo chileno, nos otorgan un conocimiento más cercano de nuestras raíces que para muchos son desconocidas. Además el vocabulario que se usa en ellos es netamente de origen campesino, sin entenderlo muchas veces, por que es un lenguaje castellano viciado por modismos del sur. Sin embargo, este lenguaje otorga una identidad a los campesinos de las zonas sureñas, siendo de distintos tonos en cada localidad. De esta manera Violeta nos entrega un canto que no está contaminado por modismos extranjeros y está libre de la jerga urbana. Es un canto autóctono propio de la gente campesina. Es el resultado de su sencilla expresión. Violeta es unas de las pocas que lo valora y le otorga sentido e identidad.

La cultura yanqui nos domina por sobre todo. Ya no se toma en cuenta ningún elemento de raíz folclórica, sino que se rechaza. Las tonadas, las cuecas y las payas son del interés de muy poca gente en nuestro país. La música y el baile, que supuestamente nos dan la identidad, la mayoría lo desconoce, así como también a la cultura campesina y a nuestros orígenes. La cultura en la urbe se ha intensificado rápidamente, pero con elementos totalmente ajenos a nuestras raíces ¡Que diría Violeta Parra si estuviera viva!

No obstante, el problema muchas veces no recae en qué elementos nos otorgan identidad cultural, sino en que si las personas de una región se sienten identificadas con las expresiones culturales que se imponen. Este es el caso de Chile. Quizás la mayoría de la masa no siente afinidad con la cultura campesina y por tanto no siente una representación de su cultura en el folclor. Hay una perdida del sentido cultural en Chile. Por tal razón Violeta Parra si alguna vez fue un foco de identidad cultural, actualmente ya no lo es. Incluso, puede ser que la masa la rechace, lo que sería un acontecimiento lamentable para la música tradicional chilena.

El arte de la Violeta


Para aumentar más aún su legado artístico, Violeta alimenta su energía creadora con la pintura, la tapicería y la alfarería. Durante su estadía en Francia pasó ocho meses enferma y Violeta cae en profundas reflexiones y busca otra forma de manifestar sus sentimientos. Tuvo cuatro modalidades de arte: escultura (a la que llamó alambres), el bordado de arpillera, el collage, hecho con retazos de tela diferentes y representación en pintura creadas en óleo, ejecutadas sobre tablas o lienzo. Es en este panorama en que Violeta desarrolla el arte de la imagen, sin saber nada de estudios artísticos ni de manualidades.

La pintura en óleo se convertirá en el método por el que Violeta lleva sus canciones a la imagen y el dibujo. Con colores vivos y alegres experimenta toda clase de diseños, dándole entre un carácter impresionista y expresionista. Hay pinturas que tienen los mismos títulos de sus canciones. Entre todas ellas se pueden nombrar: Leyendo el Peneca, Velorio del angelito, La hija curiosa, El machitún y Alameda.

La labor de arpillera le valió implicarse en unas de las artes poco desarrolladas en Chile. Fue unas de las primeras arpilleras. El bordado la consoló por varias horas del día. Sus creaciones como arpillera fueron tal vez las más elogiadas, pues no es un trabajo fácil. Este trabajo influirá más adelante a muchas mujeres que fueron atacadas por la dictadura militar en las poblaciones marginales de Santiago, quienes expresaban su descontento por medio del bordado. Obras de arpillería de Violeta son: Contra la guerra, El combate naval, La cueca, Fresia y Caupolicán y El árbol de la vida.

Cabe destacar que además de pintar y bordar acontecimientos particulares, también representa los hitos más importantes de la historia de Chile. Revive los hechos que para son los más relevantes como le combate naval, la muerte de indígenas, la independencia, etc.

Es así como Violeta se forja como una artista completa. Interesándose por todas las manifestaciones que el hombre pueda realizar, sin descartar ninguna de sus capacidades de expresión.

La temática en la canción de Violeta Parra


Dentro de la canción de Violeta Parra se pueden hallar una gran variedad de temas, en los cuales se le da una gran importancia a lo burdo, lo cotidiano y lo profano. Son estos temas a los que Violeta les da vida y alegría junto a un montón de versos a los que Violeta les da regocijo.

Asimismo resaltan temas de carácter político, en los que la artista protesta de manera pacífica a la injusticia. Violeta rechaza todo lo relacionado con las clases pudientes, pues son estas las que opacan la expresión del pueblo. Critica arduamente la labor de los políticos que miran desde sus aposentos a los oprimidos sin hacer nada. También reprocha la violencia de los militares y de la fuerza pública que reprime las manifestaciones de los explotados. Todo aquello Violeta lo expresa en su canto popular. Además, no tolera las diferencias sociales en las que el pueblo es la víctima y el gobierno el culpable, donde los niños mueren de hambre mientras que los otros van hacia la iglesia a comprar su perdón. Son estas infamias las que Violeta no puede soportar y por tanto no calla su canto, sino que mas aún levanta su grito.

Sumado a ello, la cantante trata temas de origen totalmente campesino. Las fiestas de cristianismo folclórico son algunos de los contenidos de sus letras al igual que las fiestas tradicionales como la trilla, la vendimia, la minga, entre otras. El canto a lo divino y el cristiano son temas imprescindibles dentro de su obra; ya sea explicita o implícitamente, Violeta hace presente la figura de Dios. Junto a ello, las canciones cuentan una historia relacionadas con tales fiestas acompañadas de un baile propio característico de alguna zona de Chile. A modo de ejemplo podemos nombrar: El chapecao, Juana Rosa, Que pena siente el alma, Mañana me voy pal norte, El albertìo, etc. De esta manera, Violeta rescata la cotidianidad campesina, otorgándole una gran importancia y protagonismo en nuestra cultura.

Otro elemento que se une a toda esta gama de temas es el indígena. Violeta al frecuentar las provincias del sur, toma conciencia del trato que se le da a nuestros antepasados. Además, por medio de su canto, representa el mundo desconocido de los mapuches, sus ceremonias y su historia, en que se manifiesta la injusticia por la que han pasado desde la conquista. Arauco tiene una pena y El guillatún son canciones que demuestran el afecto que siente Violeta por el pueblo mapuche.

También se hacen presente los sentimientos y emociones de Violeta. El amor, elemento tormentoso en su vida, acompaña en cada canción a la desdichada artista. Run run se fue pal norte quizás es el tema que mas representa la agonía por la que pasaba en ese momento. Tal vez la ausencia de su gran amor Gilbert la lleva a crear canciones que manifiestan su soledad y desconsuelo. Asimismo, Violeta expresa rabia, esperanza, gratitud, penas, dolores, aflicciones, etc, sin discriminar casi ninguna de sus pasiones.

Estos son la gran mayoría de temas que Violeta interpreta en su larga obra, donde todas las sensibilidades se hacen presentes, abarcando los más diversos ámbitos de la sociedad y de su turbulenta vida.

En busca de las raíces folclóricas...


Dentro de todas las obras de Violeta Parra, sin duda una de la más destacada es la herencia de su legado folclórico. Violeta no sólo cantaba, sino que componía, recopilaba y estudiaba la música propia del sur de Chile.



No cabe duda que su estrecha relación con el mundo campesino, donde se crió y vivió la mayor parte de su infancia, creó en ella un gran interés por lo rural en especial por la música. El cantar campesino atrapa la cotidianidad del quehacer hogareño; un mundo maravilloso lleno de mitos, leyendas, fiestas religiosas y costumbristas e historias de personajes populares como Pedro Urdemales. Es este el mundo con que se encontró Violeta cuando fue en busca de las raíces folclóricas.

Gracias al incentivo de Nicanor, su hermano, la artista emprendió su aventura a las zonas rurales del campo chileno, donde tropezó con una gran cantidad de cantores campesinos, quienes poco a poco le entregaron un hermoso tesoro tradicional. Acompañada de su guitarra, Violeta se adentró hasta las zonas más lejanas, buscando a la gran mayoría de las personas que entregaran algún aporte al folclor nacional. Muchos de ellos eran ancianos, auque reacios en entregar todo lo que sabían, igual se dieron ante la perseverancia de Violeta. Ésta los incentivaba desafiándolos con payas y décimas lo que lentamente otorgó la confianza necesaria para revelar canciones, cuecas y tonadas. El resultado de este trabajo fue la recopilación de la perdida tradición musical chilena.

Asimismo Violeta recupera un valioso instrumento que rápidamente se estaba olvidando: el Guitarrón. Gracias a las enseñanzas de un campesino, Violeta aprende a tocarlo hasta hacerse una gran experta. Lo hace presente en sus composiciones e incluso revive las ansias a muchos folcloristas por hacer uso de éste.

Lentamente Violeta se consolida como recopiladora e investigadora de la música tradicional chilena. Fue llamada por la Universidad de Concepción para enseñar clases de folclor. Además sacó estudios del origen y desarrollo de la cueca. Fruto de este estudio e investigación, Violeta publicó gran cantidad de discos. Dentro de estos discos se encuentran cuecas inéditas recopiladas entre las zonas rurales de Santiago y Concepción. Entre su investigación, la compositora distingue cuatro tipos de cuecas: la cueca común, la cueca valseada, la cueca larga y la cueca larga de balance.

Es así la forma en que Violeta Parra se destaca como una estudiosa de la música folclórica chilena. Basándose desde su propia iniciativa, la artista construye y ordena las raíces del canto campesino, acudiendo a las localidades rurales, donde se encuentra la rica cultura folclórica.

La tormentosa vida de Violeta Parra

Violeta del Carmen Parra Sandoval nace el 4 de Octubre do 1917, en la localidad de San Carlos, Provincia de Ñuble. Sus respectivas familias Parra y Sandoval son fundamentalmente de origen campesino. Su padre Nicanor Parra es profesor de escuela y su madre Clarisa Sandoval es una modesta costurera. Aunque su padre estuvo corto tiempo con ella, Violeta siempre lo revivió en la memoria al igual que sus abuelos, así se aprecia en sus décimas autobiográficas.

Desde pequeña Violeta figura con dotes artísticas. El gusto por la música folklórica y el arraigo a sus raíces campesinas, le entregaron la vitalidad y el incentivo necesario para desenvolverse como artista. De esta forma, la amistad con la guitarra se inicia desde los 9 años.

A causa de la pobreza de su familia, Violeta junto a sus hermanos salen a cantar a los trenes, campos, pueblos, calles, recorriendo, chicherías, restaurantes y circos. Todo esto para aportar algo de dinero y comida para el hogar. También, la pequeña Violeta ayuda a su madre en la costura y en los quehaceres domésticos. Su padre queda sin trabajo y cae en una profunda depresión, donde el alcohol es el consuelo de su frustración.

Ya para los doce años, Violeta compone sus primeras canciones, las que toca en diferentes lugares de la localidad, siendo necesaria su labor y el dinero que recoge, pues su padre ha muerto. Hacia los 19 años, la joven Violeta emprende su vuelo hacia lo desconocido y hacia un nuevo mundo, Santiago. Trabaja en bares y cantinas, tocando su guitarra. Con la ayuda de su hermano Nicanor Parra, quien ya estaba establecido en Santiago, Violeta se educa en un Liceo.

En el entretanto de su incipiente carrera como folklorista, el amor toca a su puerta y conoce a Luis Cereceda. Este emprende su conquista hacia Violeta siguiéndola a los distintos lugares que ésta recorre. Le dice que es una maquinista de ferrocarriles, pero le miente. La verdad es que es un empleado de maestranza y un ex minero. Con el tiempo Violeta contrae matrimonio, y los problemas económicos la empiezan a sofocar. Ya tiene dos hijos Isabel y Ángel, quienes no le son obstáculo para el desarrollo de su agitada carrera artística. Su marido no la comprende y se siente abandonado, pero Violeta no deja su canto y música; es lo que la llena profundamente. Este conflicto le va costar su matrimonio en 1948, pues Luis desea una mujer que permanezca en el hogar y no una con tremenda vida agitada.

Mientras Violeta mantiene una sensibilidad hacia la pobreza y se adhiere a corrientes políticas. No tolera la injusticia y su canto se politiza. Como consecuencia de su separación Violeta vive junto a sus hijos en el hogar de su hermano Nicanor. Poco a poco el dúo con su hermana comienza a dar frutos, obteniendo un óptimo resultado, pues su fama comienza a prosperar.

Asimismo, Violeta es incentivada por su hermano Nicanor a ir en busca del folclor perdido. Es así como la artista emprende su viaje hacia las localidades del Sur, entre Santiago y Concepción, recopilándola mayor parte del canto campesino, valiéndole el reconocimiento del ambiente nacional y en el extranjero, ganando gran cantidad de premios. Unos de los tantos que le son concedido es el premio Caupolicàn y los otros son por su aporte a la música nacional chilena. Parte hacia Europa y se radica en Francia, donde rápidamente cautiva con su música. Además, comienza a desenvolver una amistad con la folclorista Margot Loyola, con quien comparte muchas afinidades en especial el gusto por la música folclórica.

Más tarde, Violeta cae en una profunda crisis y enfermedad, donde reflexiona sobre su vida privada. El amor, la pobreza, la injusticia llevan a la artista a buscar otro método de expresión: la pintura y la tapicería. En aquellas obras Violeta expresa su malestar social, sus penas y sus dolores

Hacia 1956 Violeta regresa a Chile, donde de inmediato se pone a realizar sus labores. Viaja a Concepción, donde es contratada para hacer clases de folclor chileno. Realiza presentaciones; graba algunas presentaciones y décimas. Su estadía se prolonga hasta 1959, recopilando mas de cien cuecas en las diferentes provincias. Violeta dice que las cuecas de Concepción son las más hermosas de todo Chile. Por lo demás, Violeta se convertirá en unas de la fundadoras de la nueva canción chilena

Hacia 1960, el amor vuelve a tocar a su puerta, Conoce, el día de su cumpleaños, a Gilbert Favre, un estudiante antropólogo suizo. Lentamente el amor se intensifica haciéndose cada vez más apasionado. Gilbert viaja periódicamente y Violeta siente su soledad. Trata de consolarse con un viaje a Argentina, lugar en que es muy bien recibida. Se desenvuelve en todo ámbito artístico y con una importante agenda. Luego, decide regresar a París, donde es visitada por Gilbert. La visita se hace larga y el romance se incrementa, pero Gilbert vuelve a sus reiteradas tareas, dejando Violeta sumida en la tristeza.

De regreso en Chile, Violeta emprende un proyecto artístico. Instala una carpa de música folclórica en la Reina, en donde se presentaran variados artistas nacionales. En un principio se esperaba que todo fuera un éxito, aunque con el pasar del tiempo Violeta se da cuenta de que su idea es todo un fracaso. Ella no entiende la causa de su frustración. Muchas personas colaboran para incentivar los ánimos de Violeta, entre ellos sus hijos, nietos, sobrinos y amigos, pero no resuelven nada. El fin de las penurias y tristeza de Violeta Parra se acaban con un disparo en la cabeza el 5 de Febrero de 1967. Las razones de su suicidio quizás nunca se sabrán.

Violeta Parra y sus variadas expresiones artísticas


Para conocer y resaltar más aún la imagen de Violeta Parra, es necesario introducirse en su agitada y tormentosa vida. Durante su existencia experimentó las más diversas emociones y sentimientos, siempre involucrados con el amor, la injusticia, la pasión y la sensibilidad hacia la pobreza y a sus raíces. La manera de expresar todas estas emociones fue principalmente la música junto a su protagonista: la guitarra. Sin embargo, no fue solo este medio por el cual Violeta se explayó, sino que las artes pictóricas y las manuales se sumaron a su legado artístico. Sus pinturas en óleo, su ocupación como arpillera y su manualidad en alfarería llevaron a que Violeta se completara como una gran artista chilena, poco reconocida en nuestro país y mucho más en el extranjero.

Al mismo tiempo, Violeta entregó un hermoso legado folklórico, el que poco a poco se estaba perdiendo. Gracias a su labor como recopiladora de música campesina, se pudo rescatar gran parte de valiosos versos folklóricos, propios de nuestras zonas sureñas. Entre ellos se encuentran las décimas, cuecas, payas, parabienes, tonadas, etc. Esto le valió la entrega musical de nuestras raíces y la enorme gratitud de los músicos y folkloristas más importantes de ese entonces como Gastón Soublette, Patricio Manns y Margot Loyola.

Para comprender aún más su arte, Violeta también es creadora de lo literario. Sus versos la hacen ser toda una poetisa, que toma variados ámbitos de la sociedad. Por medio de esta herramienta, Violeta protesta ante lo injusto y la diferencia. Ironiza a los políticos y los estratos altos de la sociedad, lo que de alguna manera va politizando su música. Muchas canciones fueron creadas a partir de esta característica como La carta y El canto a la diferencia.

Es de esta manera como Violeta Parra se desenvuelve entre la vida y la muerte; entre lo divino y lo profano; entre lo rural y lo urbano, resultando una dualidad que se expresa, incluso, en su forma de cantar y de componer. Es así como en los demás artículos de este blog se tratará de abarcar el arte de Violeta Parra, comprendiéndolo siempre desde su persona y su vida.